Países Nórdicos
Los países nórdicos se refiere inequívocamente a Dinamarca, Finlandia, Suecia, Noruega e Islandia, incluyendo sus territorios dependientes Groenlandia, Islas Feroe y Åland. El término deriva de la palabra Norden, utilizada en las lenguas nórdicas, y que significa literalmente "las tierras nórdicas".
Escandinavia hace referencia a la península escandinava, que incluye a la Noruega continental, Suecia y la parte más noroccidental de Finlandia. Sin embargo, este término se ha ido extendiendo hasta referirse a las monarquías de Dinamarca, Suecia y Noruega. Fuera del norte de Europa, el término Escandinavia se usa a menudo de forma incorrecta como sinónimo de los países nórdicos.
Estos países son los más septentrionales de Europa y también los menos poblados. La Escandinavia continental se extiende desde el montañoso litoral atlántico de Noruega, al oeste, hasta la campiña baja y boscosa de Finlandia, al este. Más de la tercera parte se encuentra dentro del círculo polar ártico donde, durante 73 días de invierno, el sol, no llega a salir. Noruega e Islandia no son miembros de la Unión Europea. El nivel de vida es muy alto.
Los países nórdicos están de moda. No sólo son hermosos y exóticos, sino que, además, les va bien. Hace no mucho, The Economist (2/2/2013) se refirió a ellos como el “supermodelo” del futuro y los más variados indicadores, sobre felicidad, solidez económica e institucional, confianza, igualdad o movilidad social ,muestran su envidiable desempeño,
un capitalismo dinámico y abierto, igualdad de oportunidades, ética meritocrática, instituciones sólidas y búsqueda pragmática del consenso. Los aprendizajes sobre los peligros del Estado del bienestar.
El progreso de los países escandinavos (Finlandia, que es un país nórdico, pero no escandinavo, fue algo diferente por ser entonces parte del Imperio Ruso) fue producto de una profunda revolución liberal y capitalista durante el siglo XIX, que los convirtió en las naciones europeas con mayor crecimiento económico entre 1870 y 1950.
Este capitalismo se vio potenciado por una fuerte igualdad de oportunidades que viene de la sociedad tradicional nórdica, con su gran estamento campesino formado por hombres libres y con acceso a la tierra. Este igualitarismo fue reforzado por un Estado pequeño pero muy eficiente, que apostó tempranamente por la educación de su pueblo. Ello amplió decisivamente la base de capital humano en que se basó el rápido progreso nórdico.
A ello se le debe sumar una cultura meritocrática, igualitarista y muy sobria. No se juzga a las personas por sus apellidos o sus contactos, sino por sus méritos y capacidades. Nada molesta más a los nórdicos que el privilegio y la ostentación. Son ricos, pero conservan una moral de campesinos pobres y esforzados, con un alto sentido del deber. Esa, a su vez, es la base de instituciones muy sólidas y niveles muy altos de confianza social.
Los nórdicos no son ideológicos y aún menos utópicos. Tal vez sea su duro invierno el que los ha convertido en gente práctica que no se deja entusiasmar por los vendedores de ilusiones. Pero también han aprendido el gran valor de la unidad. Nada es mejor para los nórdicos que un buen compromiso. Así se las han ingeniado para sobrevivir en un entorno de vecinos poderosos y muy peligrosos.

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